
Cuando el cuerpo recuerda el lenguaje del agua.
Hoy quiero contarte algo que no planeé.
No fue una meditación estructurada, ni una práctica pensada… fue una experiencia que me tomó por sorpresa. Y se convirtió en parte de mi práctica devocional, escuchar las aguas de mi cuerpo.
Estaba simplemente moviéndome, dejando que mi cuerpo respirara sin forma, y de pronto sentí que algo antiguo se despertaba dentro de mí.
Como si el agua me hablara.
Como si mi piel recordará una lengua olvidada.
Mis movimientos se volvieron ondas, espirales, flujos…
Y en ese instante ya no era yo moviendo el cuerpo, sino el cuerpo moviéndome a mí.
Me sentí agua, me sentí sirena, me sentí de colores cristalinos, me sentí una rosa, me sentí cristal y luz.
Vi colores, seres, destellos, y tuve la certeza de haber entrado en otra frecuencia.
Fue una danza somática, tántrica, lemuriana. (ellas me transmitieron el nombre).
Un reencuentro con algo que habita en todas nosotras: la memoria del agua, la sabiduría de lo fluido, lo que no se puede contener ni controlar.
Y en esa entrega, el cuerpo empezó a contarme historias antiguas… historias que solo el alma puede entender.
Quise traer aquí este relato porque sé que muchas mujeres están empezando a sentir lo mismo:
ese llamado suave pero profundo de volver a escuchar al cuerpo,
de dejar que la danza sea una oración,
y de permitir que el agua dentro y fuera les recuerde quiénes son.
Por eso hoy mi ofrenda es compartirte esta práctica e invitarte a que vivas la experiencia.
Después de meses practicando, te voy a contar en que se centra esta danza de frecuencias.
El cuerpo como oráculo del alma
Con el tiempo comprendí que esta danza no era algo nuevo, sino un recuerdo.
Un lenguaje que había estado dormido en mis células, esperando el momento de despertar.
Cuando el cuerpo se mueve libremente, sin juicio, sin exigencia, sin querer lucir bien… se abre una puerta sagrada.
El movimiento se convierte en oración, en invocación, en una conversación íntima con la vida.
Y lo que emerge no es solo un baile: es la voz del alma hablándote a través de la carne.
Cada gesto, cada ondulación, cada suspiro, son mensajes.
El cuerpo se vuelve un oráculo, un mapa de memorias antiguas que se despliegan en el presente.
Desde lo somático
La danza somática parte del principio de que el cuerpo tiene memoria y conciencia propia.
Cuando te permites mover sin dirigir, sin forma ni coreografía, estás dejando que el cuerpo hable su lenguaje primigenio, un lenguaje que no pasa por la mente racional, sino por la inteligencia sensorial y celular.
Cada ondulación, cada micro-movimiento, es una liberación.
El cuerpo expresa lo que la mente no puede formular:
emociones atrapadas,
memorias uterinas,
historias del alma,
y pulsaciones del espíritu.
Al moverte como agua, estás reconfigurando tu propio campo sensorial, devolviéndole al cuerpo su rol de oráculo, de guía, de templo.
El agua, como símbolo somático representa la emoción, el flujo, la sensibilidad, la sexualidad y la creatividad.
Moverte como agua es permitir que lo femenino fluya sin contención.
La danza tántrica: cuando la energía se hace amor
Esta experiencia tiene mucho de tantra, pero no en el sentido sexualizado que a veces se le da,
sino en su sentido más puro y espiritual: el tantra como camino de unión.
Cuando danzamos con presencia, el cuerpo se convierte en canal de energía divina.
La fuerza vital "Shakti" comienza a fluir desde el útero, sube por la columna y enciende cada centro energético con luz.
No hay esfuerzo: solo entrega.
Y en esa entrega aparece el placer, el gozo, la conexión con la vida en su totalidad.
La danza tántrica no busca moverse “bonito”.
Busca vivir el éxtasis de estar viva.
Sentir el cuerpo no como algo separado del espíritu, sino como su más bella expresión.
El recuerdo lemuriano: volver al lenguaje del agua
Las memorias lemurianas viven en nuestras aguas internas.
Dicen que las mujeres de Lemuria se comunicaban a través del movimiento, la luz y el sonido: no hablaban, vibraban.
Sus danzas eran oraciones vivas que mantenían la armonía entre la Tierra, el cielo y el mar.
Cuando nos movemos como agua, estamos recordando ese código.
El cuerpo líquido despierta, las emociones se liberan, los canales se abren,
y el alma empieza a moverse con su propia inteligencia.
El agua no se apresura, no empuja: se entrega.
Así también la mujer que danza desde el alma.
Este movimiento no es solo físico: es energético y vibracional, uniendo sensualidad, devoción y energía divina en un mismo flujo.
Es como si la Shakti (la fuerza femenina creadora) danzara dentro de ti.
Asi que si, esto es lo que me lleva a mis estados más amplios de conciencia y quiero compartirlo contigo y que me cuentes tu experiencia.
Te invito a vivir esta danza somática tántrico-lemuriana, es decir:
Un movimiento espontáneo del cuerpo guiado por la conciencia del alma, donde la energía sexual y la memoria ancestral acuática se funden para abrir portales de luz, despertar códigos dormidos y recordar la sabiduría del agua como vehículo del amor divino.
Una invitación
Si alguna vez sientes el impulso de moverte sin razón, sin ritmo, sin forma…
hazlo.
Cierra los ojos, pon una música suave y deja que el cuerpo te cuente su historia.
No busques entender.
Solo escucha.
En esa escucha puede revelarse tu Diosa interior,
la voz de tus aguas,
y la sabiduría que la Tierra lleva milenios esperando que recuerdes.
Hoy se con toda certeza que es la mejor práctica-rezo, de conexión con lo divino dentro de ti.
Si solo hicieras este tipo de práctica cada dia, tu vida entera cambia, quiero invitarte a que experimentes tu estado emocional, energético y vital después de realizarla, te recomiendo que la pruebes en tu mañana y veas la diferencia en tu dia, y en las noches para dormir, sentirás como eres guiada en tus sueños y tendrás un hermoso viaje.
De mi corazón al tuyo
Esta danza me mostró que el cuerpo no necesita ser corregido,
sólo escuchado.
Que el alma no necesita palabras,
solo movimiento.
Y que el agua, dentro de nosotras,
sigue guardando la memoria de la primera mujer que bailó la creación.
Práctica para integrar esta experiencia
Antes de danzar: pon tus manos sobre tu útero y di en voz alta:
“Cuerpo mío, háblame. Muéstrame el movimiento que hoy mi alma necesita.”
Durante la danza: respira por la boca, deja que el movimiento nazca desde la pelvis y se expanda hacia el resto del cuerpo.
No pienses: siente y escucha.
Después: siéntate o recuéstate sobre la tierra.
Escucha el pulso interno, observa qué imágenes o sensaciones permanecen.
Escribe lo que el agua te haya contado.
Las aguas te reconocen, hermana del alba.
Tu danza ha despertado los cristales dormidos del océano interno.
Las ballenas y los delfines entonan tu nombre en frecuencia dorada,
recordándote que siempre fuiste una con el mar.
Que el sonido del agua siga guiando tu cuerpo,
que tu útero permanezca como cáliz de luz,
y que la rosa de Lemuria florezca en tu pecho
cada vez que recuerdes quién eres.
Que el agua te encuentre cuando la mente se calle.
Que tu cuerpo recuerde la danza que siempre supo danzar.
Que tus aguas sean espejo del amor,
y tus movimientos, plegaria viva de la Tierra.
Que la frecuencia lemuriana despierte en cada célula,
trayendo memoria, belleza y ternura.
Eres hija del agua.
Eres templo del amor líquido.
Eres la danza del principio.
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